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La Difunta Correa y el Gauchito Gil (I): Morir de sed

Por on Diciembre 1, 2015

Si uno maneja por las rutas argentinas a lo largo de todo el país, además de grandes extensiones de tierra con distintos paisajes que varían según los kilómetros, es común encontrarse a un costado del camino con pequeños altares u oratorios. Unos con pilas de botellas vacías o algunas hasta llenas de agua, y otros con flores y cintas rojas que flamean con el viento. Se trata de homenajes a la Difunta Correa y al Gauchito Gil, dos míticos personajes del folklore del interior argentino.

Morir de sed

Santuario de la Difunta Correa , Vallecito, San Juan

Santuario de la Difunta Correa , Vallecito, San Juan (Foto: argentinameatrapa.blogspot.com)

La leyenda cuenta la historia de una mujer llamada Deolinda Correa. A mediados del 1800, en la provincia argentina de San Juan y en medio de un conflicto político, su marido fue reclutado forzosamente para una guerra civil. Ella angustiada y sola, con su bebé lactante, decidió ir tras él, también para escapar del acoso del comisario de su pueblo. Cargando las pocas provisiones que podía emprendió, a pie, la búsqueda por parajes desiertos. Al poco tiempo, sin agua y exhausta, se cobijó debajo de un gran algarrobo, estrechando a su hijo sobre su pecho. Así la encontraron, muerta, unos arrieros que transportaban ganado y pasaban por allí. Grande fue la sorpresa cuando descubrieron que el bebé, milagrosamente vivo, seguía amamantándose de su cuerpo, del que aún fluía leche. La enterraron en un lugar hoy conocido como Vallecito, donde actualmente hay un santuario que la recuerda.

Sobre qué pasó con el bebe, no se conoce una versión exacta. Algunos dicen que murió días después, otros que vivió con una familia que lo crió hasta adulto. Sea cual fuera el destino final del niño, lo increíble fue que permaneció vivo gracias a seguir alimentándose de su madre muerta.

Años más tarde, unos campesinos que buscaban sin encontrar a sus animales perdidos, al ver la tumba de Deolinda le pidieron ayuda y los animales aparecieron. Al enterarse de este suceso otros paisanos comenzaron a acercarse al lugar rezándole y pidiéndole favores o protección, creando así un culto a la difunta.

Actualmente miles de creyentes visitan su tumba y la recuerdan formando pequeños altares y acercando botellas de agua como símbolo de agradecimiento a las promesas cumplidas.

Difunta Correa,Vallecito Caucete (provincia de San Juan)

Difunta Correa,Vallecito Caucete (provincia de San Juan), Argentina (foto: http://www.panoramio.com/)

Vocabulario:

reclutado: efecto de reclutar, inscrito en el ejército. 

forzosamente: en contra de su voluntad, sin querer, forzado.

angustiada:  preocupada, inquieta.

lactante: que todavía se alimenta de la leche de su madre.

provisiones: reserva de comida, víveres.

parajes: lugares, espacios.

exhausta: agotada, sin energía, sin fuerzas.

se cobijó (cobijarse): protegerse de situaciones incómodas o de la intemperie.

algarrobo: mediterráneo siempre verde, de la familia de las leguminosas, con hojas persistentes, flores purpúreas y cuyo fruto es la algarroba.

arrieros: persona que trabaja y cuida animales de carga.

Pequeño altar homenaje a la Difunta Correa

Pequeño altar homenaje a la Difunta Correa (Foto: www.iglesiabautistapilar.org)

Sigue en La Difunta Correa y el Gauchito Gil (y II): Un gaucho rebelde

Paula Meggiolaro
Soy Paula, nací y viví 33 años en Buenos Aires, Argentina, donde estudié y trabajé en Publicidad. Luego me vine a vivir a las sierras de Córdoba, a un pueblo del interior de la provincia, en el centro del país, buscando un cambio de vida. Llegué de la mano de mi marido, en aquel tiempo mi novio, hoy padre de mis dos hijos. Estoy aquí hace poco más de una década y desde que llegué hice varias cosas que alterné con la maternidad y la vida de familia. Al año de haber llegado también comencé a escribir, convirtiéndome en redactora free-lance y colaborando con algunas revistas, tarea que aún mantengo porque me encanta.
Me gusta leer, caminar en los días soleados y en los nublados también, no perderme las películas del cineclub, cocinar galletitas para mis hijos, hacer yoga, tomar café y, como soy nostálgica, siempre pienso qué estaría haciendo en Buenos Aires. Aquí me hice nuevos amigos, me mudé varias veces de casa y siempre sueño con viajar. ¡Hola! Hablemos.
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